Arcanos Mayores

IIII - El Emperador.

Capítulo 3

      Con El Emperador abandonamos el análisis del principio femenino (con el cual se inicia y se fundamenta el libro del Tarot) y pasamos al análisis del principio masculino que, a semejanza de La Emperatriz y La Papisa, se disocia en dos polaridades, representadas en las figuras de El Emperador y El Papa. En este pasaje, vemos que la relación entre El Emperador y La Emperatriz opera una mediación que se interpone entre La Papisa y El Papa como polaridades de la espiritualidad que en la estructura esotérica del Tarot aparecen distantes. Desde el arcano II (La Papisa) al arcano V (El Papa) se desarrolla una diferencia conceptual y pragmática de la vida espiritual -con su correspondiente correlato en la vida material- que tendremos que descubrir.

   El casco rojo y amarillo de El Emperador, a diferencia de la corona de La Emperatriz, representa el poder activo de la conquista y el dominio sobre lo conquistado. Los largos cabellos y la barba de color celeste, que presentan una notoria similitud con los cabellos y la barba de El Ermitaño, representan la sabiduría de la experiencia. Un collar dorado en forma de espiga sobre su pecho con una cruz en la diadema es un elemento femenino que lo relaciona emocionalmente con la fecundidad de la Emperatriz. Con su mano derecha empuña un cetro (muy semejante al que La Emperatriz sostiene con su mano izquierda) y en el extremo superior del cetro una esfera ceñida por la cruz cristiana; este complejo simbólico significa el poder arbitrario de la razón sobre la naturaleza, el ejercicio de la autoridad política cuyo fundamento es la religión oficializada. 

   Con su mano izquierda se ciñe el cinturón, significando un refuerzo voluntario del control ejercido sobre sus impulsos. El cruzar las piernas es un gesto mágico de protección, pero también significa una actitud defensiva de bloqueo. El escudo sobre el piso, con la imagen de un águila hembra que está poniendo un huevo (el huevo de La Papisa), simboliza el núcleo de femineidad del que se defiende y sobre el que ejerce su control (nótese el pié derecho sujetando el escudo). El trono del emperador se apoya y excede los límites de la carta conectándose así con El Papa. La parte superior de la carta representa la acción exterior de El Emperador en la esfera del ejercicio de la autoridad y del establecimiento de un orden arbitrario; mientras que la parte inferior de la carta nos señala la acción interior de control de las emociones y los impulsos.

   El Emperador es la única carta del Tarot que muestra a un personaje con el rostro completamente de perfil vuelto hacia la izquierda, la otra carta vuelta de perfil hacia la izquierda es la de El Ermitaño, pero su rostro está de medio perfil. La Muerte se encuentra totalmente de perfil pero vuelta hacia la derecha y El Loco también hacia la derecha pero su rostro es de medio perfil. La carta de El Emperador es una carta conservadora, más dispuesta a preservar el orden establecido, la obediencia a la autoridad y el seguimiento de las normas que a la producción de algo nuevo o la generación de un cambio. Por lo que la acción del emperador debe entenderse siempre orientada a mantener el status quo, antes que a cuestionarlo y modificarlo. Es una carta dotada de rigidez, resistencia al cambio y conservación de lo establecido. Con su mano derecha empuñando el cetro, con su mano izquierda aferrándose al cinturón, sentado o apoyado sobre el trono, con el pié derecho afirmado en el piso y con el pié izquierdo sujetando el escudo, la estabilidad y el orden de El Emperador se sostienen de un precario equilibrio entre el ejercicio externo de su poder y el control interno de sus emociones y sus impulsos. 

    Si ubicamos la carta de El Emperador al lado de la carta de La Emperatriz podemos visualizar cómo el cetro de ella se inclina naturalmente hacia el Emperador mientras que el cetro de él se impone rígidamente sobre La Emperatriz. Ambas cartas constituyen una bisagra en ese tránsito que el Libro del Tarot representa entre La Papisa y El Papa, que podríamos interpretar de diferentes maneras, y que ubicaremos en diferentes niveles a fin de ordenarlas.

    En un Nivel Psicológico, podríamos concebir esa conjunción de poderes como una regulación ejercida por el dominio de lo paterno, representado por El Emperador, sobre el dominio de lo materno, representado por La Emperatriz; donde ella simboliza el régimen endogámico del deseo materno y él simboliza la intervención de la Ley exogámica de la prohibición del incesto. Que la prohibición del deseo incestuoso sea el fundamento de la subjetividad individual es lo que ha demostrado el Psicoanálisis a partir de los descubrimientos de Sigmund Freud; mientras que esa misma Ley (prohibición) entendida como fundamento universal del pasaje del estado de naturaleza al estado de cultura ha sido confirmada por los estudios antropológicos de Claude Levy Strauss. Podemos visualizar en la carta que el cetro de La Emperatriz es notoriamente más largo -a pesar de estar inclinado- que el de El Emperador y al concentrar la atentación en este detalle se vuelve pregnante su pequeñez, incluso de toda la figura, lo que indica que el poder representado por La Emperatriz es primario y su dominio más vasto -la esfera es más grande que la del cetro del Emperador-. En este nivel, El Emperador y La Emperatriz representan la colaboración entre lo materno y lo paterno en tanto funciones constituyentes de la subjetividad, así como también la relación entre lo masculino y lo femenino en tanto formas complementarias de la afectividad, cuya expresión más concreta la constituye la relación de pareja entre un hombre y una mujer.

   En un Nivel Material podemos señalar el hecho de que La Emperatriz sostiene el cetro con la mano izquierda y El Emperador lo hace con la mano derecha, representando así en su conjunción el imperio de la razón sobre los impulsos. El hecho de que el cetro de El Emperador sea más pequeño indica, por una parte, que ese dominio es limitado y que el poder de los impulsos es siempre mayor y, por otra parte, que el control de la razón no debe ser total a fin de poder preservar la espontaneidad y la creatividad. El cetro de El Emperador representa el orden y la disciplina necesarios para establecer un dominio sobre las fuerzas más fundamentales de la existencia a fin de poder orientarlas a la consecución de metas y objetivos.

    El número 4 (2+2, 2x2, 2²) representa la estabilidad, el logro de un primer equilibrio a partir del reconocimiento de la dualidad. El 4 (3+1) representa la conciencia que da forma, organiza y gobierna los elementos de la naturaleza para orientarlos al logro de un fin. Es símbolo del orden y la disciplina necesarios para que algo adquiera una forma permanente y pueda concretarse en el plano de la materia.

   A El Emperador le corresponde la letra hebrea Dalet ד que significa "puerta". Esta letra del alfabeto hebreo remite a la virtud de la humildad, la conciencia de no poseer nada propio y el reconocimiento de que todo lo que se tiene es algo que se ha recibido de Dios. Al ser El Emperador un arcano dotado de autoridad, poder y posesiones, la Dalet ד viene a recordar que nada de eso le pertenece y que todo lo ha recibido de otro. Justamente, es un representante de la Ley y es quien ha sido investido de autoridad para velar por su cumplimiento, pero no es su propia Ley la que transmite.

    Astrológicamente se relaciona a El Emperador con Júpiter que es el planeta de la multiplicación y la expansión en cualquiera de sus expresiones: a nivel material, psicológico y espiritual. Son sus rasgos característicos el optimismo, la confianza en sí mismo, la sociabilidad y la tendencia a ampliar los horizontes, por lo que se lo relaciona también con los viajes largos. Representa los alcances y los límites de la comprensión filosófica de la existencia y las creencias religiosas. En la mitología se lo representa como un águila con las alas extendidas para significar su tendencia a trascender la visión terrenal y la búsqueda de nuevos horizontes. Como podemos observar tanto La Emperatriz como El Emperador llevan el símbolo de Júpiter en sus escudos.

  Para determinar el significado adivinatorio de este arcano tendremos en cuenta que la figura total de la carta nos muestra una persona apoyada sobre un trono, con la mano derecha empuñando un cetro de poder, con su mano izquierda sosteniendo el cinturón y con su pié derecho sujetando el escudo, toda la figura vuelta hacia la izquierda. Es interesante ver que el movimiento que transmite sea el de la rigidez como resultado de una postura fuertemente defensiva. Representa al consultante como una persona apoyada sobre su estatus social, inclinada a imponer su voluntad, que ejerce un control racional sobre sus impulsos, que se maneja de manera conservadora respecto de sus ideas, creencias y convicciones, que piensa que su modo de pensar y de actuar es el correcto y que no está dispuesta a cambiar su punto de vista. Para que no hagamos necesariamente una lectura negativa de este significado podríamos aclarar que desde un sentido psicológico El Emperador representa el carácter obsesivo propio de la masculinidad así como La Emperatriz representa el carácter histérico característico de la femineidad, allí donde masculinidad y femineidad deben siempre considerarse como dualidades representadas en las águilas de sus respectivos escudos. Al tratarse de una carta conservadora que indica el mantenimiento del status quo y la multiplicación o la acumulación en el sentido de lo ya establecido, según el tipo de consulta, dependerá de la habilidad del tarotista evaluar si la actitud del consultante es la adecuada respecto de lo que está buscando, ya que si lo que pretende es un cambio en su vida éste no se va a producir si sigue actuando siempre de la misma manera. De lo contrario, si lo que busca es incrementar lo que hasta el momento ha conseguido, el sostenimiento de la actitud ya establecida será la mejor estrategia.

    En un sentido positivo, representa a una persona con autoridad y sentido de la ética en sus acciones, con capacidad de decisión y mando, que confía en su capacidad para llevar adelante sus proyectos y se encuentra decidido a realizarlos. Indica prosperidad en el plano material, ascensos y ocupación de puestos jerárquicos en lo laboral, personalidades que se destacan y que son reconocidas socialmente. Puede representar a un gobernante, un jefe, al padre, al esposo o a un hombre seguro de sí mismo, en general. Es una carta que recomienda orden, disciplina y perseverancia en las actividades que se emprendan para garantizar el éxito; también indica el logro de la estabilidad, una situación próspera, segura y duradera. A semejanza de La Emperatriz representa a una persona que puede ayudar al consultante, pero a diferencia de ella y teniendo en cuenta su posición de perfil, que lo muestra concentrado en sus propios intereses, se trata de alguien al que habrá que solicitarle esa ayuda, ya que no le surgirá espontáneamente brindarla o porque está esperando que se recurra a él. Representa a una persona que está dispuesta a escuchar diferentes opiniones pero que siempre pensará u obrará de acuerdo a sus propias convicciones. Este natural egocentrismo que caracteriza a El Emperador, mal canalizado, nos permite visualizar el sentido negativo de la carta ligado al conservadurismo, la terquedad, el autoritarismo, la rigidez de las ideas y de las actitudes. El tener las propias convicciones y creencias es un rasgo positivo, pero considerar que son las únicas válidas, no aceptando las diferencias de opiniones o creencias y buscando imponerlas a los demás o descalificando el pensamiento divergente,[1] constituyen el carácter típico de una persona intolerante. Cuando la seguridad de El Emperador se ve amenazada por las ideas y convicciones de los demás, deja a la vista una inseguridad de base, sobrecompensada por la rigidez de sus mecanismos de control y defensa. La orientación del tarotista podría dirigirse a cuestionar indirectamente la rigidez mental del consultante buscando enfrentarlo con sus dudas e inseguridades. Tal vez sea oportuno tener en cuenta en estos casos que muchas veces el problema no es el problema en sí sino el modo de enfocarlo o el modo de buscar solucionarlo. 

 La carta invertida desvirtúa el núcleo más positivo de El Emperador: pérdida de la autoridad, desorden e inconstancia en las acciones, falta de confianza en sí mismo, negativismo e inestabilidad en cualquier orden, pérdida del prestigio social, fracasos materiales, etc. La carta invertida indica falta de orden y dominio sobre sí mismo, mala relación con el padre o conflicto con la imagen paterna; en el caso de una mujer, dificultades para relacionarse con los hombres o relación conflictiva con la pareja. La orientación del tarotista podrá enfocarse en el análisis de la identificación conflictiva con la imagen paterna que concentra aspectos como el sentido de la ética en las propias acciones, el ejercicio de la autoridad o la relación con la autoridad, la relación con los hombres o la asunción de la propia masculinidad, la confianza y la estima de sí mismo.

  El Emperador es una carta ligada a las formalidades, convenciones y mandatos sociales; lo que constituye una limitación al deseo -que fluía más libremente en La Emperatriz- y, en este sentido, es una carta relacionada con la moralidad y la ética. Existe una diferencia importante entre moral y ética: mientras la moral constituye normas establecidas externamente para la regulación del comportamiento, la ética remite más bien a la conciencia interior de que la realización del propio deseo tiene un límite: el respeto por el semejante. Desde este punto de vista, El Emperador puede representar, en su sentido más positivo, a una persona que enmarca su deseo en las exigencias de la moral y de la ética de tal modo que encuentra parámetros para su realización. Pero, en un sentido más negativo, cuando el sujeto en lugar de constituirse a sí mismo en regulador de sus propias acciones, vivencia la referencia a la autoridad y la Ley como algo impuesto externamente, puede generar tres tipo de actitudes: la obediencia, el sometimiento y la rebeldía.[2] En el caso de la obediencia, el sujeto configura su deseo en los términos del "deber hacer", respondiendo a los mandatos sociales; en el caso del sometimiento, el sujeto subordina su propio deseo al "deseo de otro", respondiendo a las expectativas de los demás; y en al caso de la rebeldía el sujeto contrapone su deseo al "deber hacer" o "al deseo del otro", definiendo su propio deseo por la negativa. En cualquiera de estos tres casos, el sujeto termina renunciando a su deseo como una formulación subjetiva que lo represente, cuyo resultado es una personalidad alienada en el deseo del otro. Es importante poder evaluar estos posicionamientos subjetivos en una tirada, siendo la tarea del tarotista poder realizar señalamientos que permitan al consultante reflexionar sobre cuál es su situación y actuar en consecuencia.

Referencias Bibliográficas

[1] Si bien la descalificación recae en lo superficial sobre las personas, en realidad lo que no se tolera es el tipo de pensamiento que pone en tela de juicio el propio estatus social o el propio narcisismo (la definición de sí), es decir, que lo que de fondo se pone en juego entre el pensamiento conservador y el pensamiento divergente son cuestiones ideológicas que se concretizan en las relaciones y en las prácticas sociales, sobre todo cuando se establecen jerarquizaciones entre los semejantes. Podríamos decir que las jerarquías en las relaciones sociales tienen un sentido de ordenamiento social, estableciendo diferencias meramente funcionales entre personas que comparten una misma identidad fundada en la condición humana; el problema se presenta cuando esas diferencias se extienden ideológicamente a la condición humana misma, cuya consecuencia es que determinadas personas o clases sociales se consideren superiores a otras. Estas cuestiones las profundizaremos cuando abordemos el pensamiento dogmático con el arcano El Papa, así como también en los arcanos de El Enamorado, La Justicia, La Muerte y El Juicio.

[2] Cfr. Leveratto, B. y Lodi, A. (2006) Astrología y Tarot. Buenos Aires: Kier, pp. 89-91.


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