Arcanos Mayores

VI - El Enamorado

Capítulo 5

    La carta de El Enamorado, junto con la carta de El Juicio, son las dos únicas cartas del Tarot que presentan escenas en las que intervienen cuatro personajes, siendo uno de éstos un ángel. La presencia angélica es el signo de la trascendencia y lo que nos resta en la escena es una situación triangular, una relación de tres. El motivo de la relación de tres personajes humanos lo hemos visto por primera vez en la carta de El Papa, pero allí bajo el modo de relaciones asimétricas o jerarquizadas; en la carta de El Enamorado las relaciones entre los personajes son simétricas.[1] La triangularidad representa la complejidad de las relaciones humanas en la medida en que introduce la participación de terceras personas en las relaciones duales, definiendo diferentes modos de inclusión y exclusión. En la carta de El Papa, como en la carta de El Emperador, habíamos desarrollado la jerarquización de las relaciones definidas arbitrariamente por la funcionalidad de las normas y la organización social, pero ello no alcanza para dar cuenta de lo que sostiene la cohesión de los vínculos humanos. La carta de El Enamorado viene a desarrollar este elemento faltante, veamos de qué se trata.

    El ángel que figura en la parte superior de la carta es Cupido, la versión romana del dios del deseo, del amor pasional, de la atracción sexual y de la fertilidad, representado por un niño alado con un arco y una flecha. Existen diferentes versiones de su origen, pero según la más difundida es hijo de Venus (diosa del amor, la belleza y la fertilidad) y Marte (dios de la guerra) por lo que ya podemos anticipar la dualidad que lo define a partir de la herencia de sus progenitores. En algunas ilustraciones (tanto del Tarot como de la mitología) aparece con los ojos vendados para representar que el amor es ciego, es decir que no responde a la racionalidad. Es el encargado de dirigir la fuerza primordial del amor tanto a los dioses como a los humanos por mandato de su madre.

   En su aljaba, Cupido lleva dos tipos de flechas: unas doradas con plumas de paloma, que provocan el enamoramiento instantáneo y otras plateadas con plumas de búho, que provocan la indiferencia, el olvido y la ingratitud. Cupido es representado como un niño desnudo porque es espontáneo, caprichoso, desobediente y sin escrúpulos, tanto es así que su propia madre le guardaba cierto temor. Con el paso del tiempo, su madre empezó a preocuparse al ver que Cupido no crecía por lo que consultó al Oráculo de Temis, quien le dijo: "El amor no puede crecer sin pasión". Venus comprende el significado del oráculo a partir del nacimiento de su hijo Anteros (dios del amor correspondido y de la pasión) ya que al estar junto a él Cupido crecía convirtiéndose en un bello y valiente joven, pero cuando se alejaba de él volvía a ser un niño.  

    En la versión griega del mito, el dios responsable del amor erótico es Eros, considerado hijo de Poros (dios de la abundancia) y Penia (diosa de la pobreza) concebido en el cumpleaños de Afrodita, una versión alternativa a la que lo hace hijo de Afrodita (Venus) y Ares (Marte). Pero también, dentro de esa misma tradición, Eros es una deidad primordial que encarna el impulso creativo de la naturaleza, la luz primigenia de la creación y el orden (cosmos) de todas las cosas en el universo. El dualismo pulsional que Sigmund Freud establece ente Eros (pulsión de vida) y Thanatos (pulsión de muerte) como tensiones fundamentales de la existencia humana se inspira en este aspecto de Eros como fuerza creadora primordial. Este aspecto más primitivo de Eros considerado como luz y como fuerza unificadora de vida que introduce un orden en el kaos (desorden) original, precediendo la creación del cosmos, es lo que en la carta de El Enamorado está representado por el Sol que se encuentra detrás de la figura del Cupido. La atracción sexual, el deseo, la pasión, el amor, como quiera llamársele a esa fuerza responsable de atraer y unir a dos personas, es la chispa de la divinidad que habita en nuestra humanidad. El sol detrás del Cupido significa justamente eso, que la pulsión sexual o pulsión de vida que tiende a la unión es de origen divino. En la carta de El Papa, representante de las doctrinas religiosas, el sexo va a ser considerado como algo pecaminoso, ajeno a lo divino y a lo sagrado, incluso ligado a lo demoníaco; pero en la carta de El Enamorado se expresa una enseñanza esotérica fundamental: que la sexualidad es la energía divina que habita en nuestro ser y un elemento fundamental en el ejercicio de la magia operativa. En este sentido, a diferencia de la carta de El Papa que representa la función sacerdotal, profética y real socialmente establecida en un orden jerárquico, la carta de El Enamorado representa nuestra propia función sacerdotal, profética y real individual que trasciende el ordenamiento jerárquico. La función sacerdotal se corresponde con el ejercicio ritual para la mediación, la comunicación y la comunión con lo divino; la función profética remite al uso de la palabra para enseñar, anunciar y denunciar de acuerdo a la sabiduría divina y la función real implica el libre ejercicio de la voluntad para el dominio y gobierno de los asuntos terrenos. 

    Para introducir la interpretación de la parte inferior de la carta podríamos recurrir a un antiquísimo relato de la mitología griega que cuenta la historia de Psique, la menor y más bella de tres hermanas, que había despertado los celos de Afrodita quien mandó a su hijo Eros para que la enamorase del hombre más miserable que encontrara. Pero Eros al ver su hermosura quedó perdidamente enamorado de ella y la raptó a su palacio cuando estaba dormida. Para protegerla de su celosa madre la visitaba siempre en la oscuridad de la noche, prometiéndole amarla siempre y cuando no intentara descubrir su identidad. En cierta ocasión Psique le pide a Eros poder ver a sus hermanas porque las extrañaba, éste acepta pero le advierte del riesgo que eso podía significar. Al encontrarse con sus hermanas les contó de su dicha aunque desconocía la identidad de su amado, pero sus hermanas envidiosas la convencieron de la necesidad de saber quién era porque podría tratarse de un ser monstruoso. Una noche, mientras Eros dormía, Psique encendió una lámpara para ver el rostro de su amado y comprobó que era tan hermoso como el amor que le profesaba, pero accidentalmente una gota de aceite de la lámpara cayó sobre el pecho de Eros quien al despertar y ver lo sucedido se alejó de ella decepcionado, recriminándole que el amor no puede existir sin la confianza. 

    Literalmente, la parte inferior de la carta representa una situación grupal, un encuentro y un diálogo entre tres personas. Como ya hemos dicho en relación a la carta de El Papa, la literalidad de las imágenes del Tarot debe tenerse en cuenta en la práctica adivinatoria. Dicho esto pasemos a la interpretación simbólica de la imagen. Como se trata de una carta respecto de la cual existen muchas especulaciones sobre su simbolismo, trataremos de anclar un significado inicial en un detalle que nos permita derivar el resto de los detalles y sus significados: el brazo izquierdo de la joven -ubicada a la derecha de la carta- toca el pecho del personaje central, lo que significa contacto emocional, mientras que la mano izquierda del joven se apoya sobre el bajo vientre de la joven, lo que significa contacto sexual. 

    Ambos elementos nos permiten interpretar que se trata de una relación fundada en la reciprocidad sexual y sentimental; de hecho, vemos que la flecha del Cupido se dirige hacia ese mismo lugar de encuentro entre ambos personajes. Es de notar que ninguno de esos dos personajes tiene un contacto visual entre sí, sino que el contacto se da por sus respectivos brazos izquierdos, lo que significa que se trata de una relación sostenida por la reciprocidad de los sentimientos y no por motivos racionales. Otros elementos de contacto son la pierna izquierda del personaje central que se dirige hacia la joven, mientras que su pierna derecha se encuentra en línea recta como punto de apoyo sobre sí mismo; también el pie izquierdo del joven que penetra en el vestido de la joven y el espacio pintado de rojo entre las piernas del joven, como así también entre su pierna izquierda y el vestido de ella. En síntesis, se trata de elementos que indican contacto sexual, pasional y emocional entre ambos personajes. Por otra parte, la mano derecha del joven aferra el triple cinto amarillo de su cintura -en un punto central de la imagen- con su dedo índice apuntando a su mano izquierda, lo que significa el domino consciente de sus deseos y sentimientos, es decir, capacidad de decisión y elección. La mujer de la Izquierda tiene un contacto predominantemente visual con el joven, con su mano izquierda sobre el hombro y con su mano derecha dibujando líneas opuestas a los trazos de su falda, todo ello simbolizando la distracción, fundamentalmente mental, de todo aquello que lo liga apasionadamente a la vida, introduciendo así la duda, la contradicción y la vacilación en sus elecciones. La mujer de la derecha lleva una cofia de flores color naranja con centro violeta en su cabeza, lo que simboliza la fertilidad de la primavera, es decir, el surgimiento de lo nuevo y los cambios; la mujer de la izquierda lleva una corona roja con hojas verdes, símbolo de la infertilidad del otoño, es decir el estancamiento y la conservación de lo ya existente. Reencontramos en la carta el dualismo entre la pulsión de vida, que busca unir y tiende hacia lo nuevo, y la pulsión de muerte, que busca desunir y tiende a conservar un estado anterior; la existencia humana se sostiene de un equilibrio entre estas dos fuerzas opuestas.

    Hemos decidido interpretar los significados de los detalles de la carta según las tres ideas fundamentales que constituyen el mito de Cupido: fuerza primordial, atracción amorosa y conflicto entre el deseo y la razón; pero la tradición ha asociado esta carta con otros relatos míticos sobre todo para poder desarrollar su significado de duda, necesidad de decisión y elección entre dos opciones. De este modo se asocia al personaje central de la carta con Hércules quien al acceder a la pubertad se enfrenta a su primera prueba: se le acercan dos mujeres adultas, una muy bien vestida con el ropaje de la nobleza (Vírtus), la otra con un vestido ligero que dejaba entrever sus encantos juveniles (Cupíditas). Vírtus representa el camino del esfuerzo y el servicio a los demás como medio para alcanzar la felicidad, mientras que Cupíditas representa el camino del vicio y del egoísmo bajo la promesa de obtener la felicidad inmediata. La metáfora de los dos caminos o de la encrucijada es una imagen recurrente para representar la elección entre el bien y el mal. La encrucijada de Hércules debe ser entendida como el enfrentamiento personal con el propio discernimiento entre el vicio y la virtud, representado por su acceso a la juventud. Venimos de la carta del Papa donde el discernimiento entre lo que debe hacerse y lo que debe evitarse está garantizado en el buen consejo de alguien a quien se puede recurrir; pero el discernimiento representado por la carta de El Enamorado o por el dilema de Hércules, se corresponde con las decisiones y elecciones personales. 

    La modificación introducida por Withe y Coleman en la ilustración de este arcano (una de las más radicales) representa claramente el mito bíblico de Adán y Eva en el jardín del Edén, haciendo referencia a la primera elección bajo la forma de la desobediencia. Lo que la carta de El Enamorado simboliza es justamente la elección que trasciende la obediencia indicada en los acólitos de la carta de El Papa.

    Podríamos comparar la imaginería de ambas cartas para visualizar que las opciones ilustradas en los dos acólitos del Arcano V son dirimidas por las enseñanzas morales del Papa en la dirección que marca su mano derecha; mientras que las opciones figuradas en las dos mujeres del Arcano VI son dirimidas por la elección del personaje central en la dirección que marca la flecha del Cupido. La elección amorosa es la más representativa de los dilemas a los que nos enfrenta esta carta ya que en ellos se juega más la fidelidad al propio deseo (la ética del deseo) antes que el seguimiento de pautas morales. 

    El número 6 (3+3), representa la relación vincular como clave, la asociación entre dos personas y la disposición a relacionarse con los demás. También como 2+1+2 representa la necesidad de resolver la disyuntiva entre dos opciones por medio de una elección y de resolver los conflictos o las dualidades. Como 5+1, agrega a la trascendencia espiritual el sentido de la inmanencia terrenal y transfiere el conflicto del plano espiritual al plano de la existencia cotidiana. Es necesario poder leer en continuidad y relación las cartas de El Papa y El Enamorado, tal y como venimos haciendo con los arcanos anteriores. El Enamorado conduce a un plano concreto y terrenal los motivos abstractos y espirituales desarrollados por El Papa. Si El Papa representa el sacerdocio sagrado como Sumo Pontífice (función de unión, comunicación y conección), El Enamorado representa el sacerdocio profano en los asuntos de la vida cotidiana. En este sentido, las enseñanzas trascendentales de El Papa necesitan ser llevadas a la práctica en la vida concreta de El Enamorado.

    La letra hebrea ו (vav) representa un rayo de luz divina que desciende al vacío primordial del mundo, es la fuerza creadora cuya función es la de reunir en una unidad lo que está separado. Indica todo lo que vincula las cosas y las personas entre sí, ligándolas, unificándolas y armonizándolas para darle una nueva forma. Tiene la forma de un gancho, un clavo o una estaca y en la gramática hebrea cumple la función de un conector semejante a la "y" en castellano. Forma parte del nombre de Dios (הוהי) uniendo las dos ה (he) que lo componen; en sí misma la ו (vav) representa la concreción del amor universal de Dios representado por la ה (he), que se materializa como amor singular y concreto entre dos personas. Representa el agente fecundante del deseo, dándole la posibilidad material de existir en el interior del ser humano a partir del arraigo y la permanencia de los sentimientos. Tiene así el doble significado de ser la chispa fecundante que precede la creación y la fuerza de atracción que une a los contrarios entre sí. Como símbolo de unión conecta lo superior con lo inferior, lo divino con lo humano, lo espiritual con lo material, lo mental con lo emocional, lo interior con lo exterior, etc. En su sentido más genérico podríamos decir de la ו (vav) que significa la encarnación del amor divino en cualquier tipo de relación humana como realización concreta de la afirmación abstracta del amor a Dios: "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve." (1 Jn. 4, 20).

    La correspondencia astrológica de El Enamorado es con el signo de Géminis, signo de aire caracterizado por la tendencia al análisis racional de la realidad en la búsqueda de establecer conexiones lógicas en todo lo que percibe para poder transmitir y comunicar sus conocimientos. Pero es también el signo de la dualidad subyacente en el pensamiento, en el obrar y en la realidad misma; de hecho uno de los gemelos que simbolizan al signo de Géminis representa la intuición, opuesta a la racionalidad con la que más se le identifica, aunque la última fuente de sus conocimientos sea la receptividad y la sabiduría intuitiva. De todos modos, el signo de Géminis se caracteriza por la tendencia a relegar el contacto emotivo con la realidad por carecer de lógica y ser más difícil de manejar. Géminis representa una energía preponderantemente masculina y activa que fundamenta su extraversión y su necesidad de interactuar con otras personas. El planeta regente de Géminis es Mercurio, dotando a este signo de agilidad mental y de habilidad para comunicar sus ideas. Estas características nos ayudan a comprender la imagen de El Enamorado en los términos de esta dualidad entre el contacto racional y el contacto afectivo, junto a la tendencia a privilegiar los aspectos lógicos por encima de los intuitivos; siendo que las decisiones y las elecciones a las que nos enfrenta esta carta tendrían que regirse más por el ejercicio de la sabiduría intuitiva que por razonamientos lógicos o, al menos, por un equilibrio entre ambos aspectos.

    Para determinar el sentido adivinatorio de este arcano tendremos en cuenta que la figura global de la carta nos muestra una situación de relación social en la que el Cupido apunta con su flecha la relación entre dos de estos personajes, con lo cual en términos generales señala afinidad entre dos personas en un contexto relacional más amplio y dependerá de la naturaleza de la consulta determinar el sentido específico de esta afinidad. El arcano señala una situación afectiva de atracción mutua entre dos personas en una situación grupal, por lo que significa prevalentemente el amor en todas sus manifestaciones, presencia de sentimientos profundos, uniones afectivas, encuentros, inicio de una relación o reconciliaciones. Un aspecto particular de la imaginería de esta carta es la participación de terceras personas que pueden acompañar, apoyar o interferir en una relación amorosa. La presencia y la dirección del Cupido señala una preeminencia de los sentimientos, de la sensualidad, del placer y de la capacidad de disfrutar de los buenos momentos y de todo lo que se hace.

El sentido positivo de este arcano se encuentra combinado al mismo tiempo de su significación negativa, por lo que en su lectura más equilibrada significa todo tipo de armonización entre tendencias opuestas o dualidades y la temática específica de la carta es la conciliación entre la razón y los sentimientos. Pero no hay que perder de vista que se trata de una carta que privilegia los sentimientos por sobre la razón y, en un sentido más negativo, puede estar indicando los conflictos más comunes entre estos dos aspectos de la existencia humana, sobre todo en contextos o situaciones donde las razones suelen valorarse más que los sentimientos o éstos ser francamente desvalorizados. De todos modos, habrá que evaluar de acuerdo a la naturaleza de la consulta cuál de estos dos aspectos es necesario privilegiar en cada caso, ya que no es lo mismo la interferencia de los sentimientos en cuestiones laborales o económicas que la interferencia de la razón en cuestiones sentimentales. Pero, cualquiera sea el caso, lo fundamental en la orientación del tarotista es tener en cuenta que se trata de decisiones que solo el consultante puede tomar y que el error más grave es que el tarotista asuma la decisión en el contenido de sus respuestas, así como el del consultante delegar sus propias decisiones en otras personas.

    A medida que vamos profundizando el significado de este arcano se nos revela como una carta que enfrenta al consultante con los conflictos propios de la vida y con la necesidad de tomar decisiones autónomas y responsables. La necesidad de optar entre dos personas, dos cosas o dos propuestas igualmente atractivas para el consultante es la idea más usual en la interpretación de este arcano, lo que no siempre se deja muy en claro es que en la elección que tiene que realizar el consultante se juega la fidelidad a su propio deseo y su propia autorrealización, antes que cualquier otro tipo de consideración. Ya hemos dicho que la elección amorosa es el paradigma que ejemplifica este tipo de decisiones: no es lo mismo elegir una pareja por conveniencia que por amor, he ahí el secreto de la fidelidad. El tema de la infidelidad es oportuno en este arcano ya que es uno de sus significados negativos posibles, pero es necesario estar advertidos del error de considerar de manera moralizante las situaciones de infidelidad en las relaciones de pareja, ya que lo primero que la infidelidad pone en tela de juicio es la pertinencia de la elección amorosa. Un aspecto particular de las decisiones amorosas, contenido en la imaginería de este arcano, es la distancia entre la idealización de la pareja y la posibilidad de concretar relaciones satisfactorias. En este sentido un caso interesante es el expuesto por Sigmund Freud en un breve artículo titulado Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre,[2] en el cual el autor describe la dificultad que algunos hombres tienen de conciliar en una única persona la imagen de la mujer como madre (idealización de la propia madre) con la imagen de la mujer como compañera sexual, disociación mental que conduce a la doble elección de la esposa madre y la amante sexual, que podríamos considerar como causa psicológica de algunas situaciones de infidelidad. Pero más allá de la singularidad del caso -retornando a la ilustración del arcano-, nos permite visualizar la universal disociación que la ideología patriarcal ha establecido ante la realidad de lo femenino jerarquizando la mujer virtuosa (idealizada) por sobre la mujer deseante (demonizada). Siguiendo esta pista podemos entender dos cuestiones: la primera, el porqué de la ilustración medieval de un hombre que debe elegir entre dos mujeres; la segunda, que la evolución espiritual representada por El Enamorado -a continuación de El Papa- significa el enfrentamiento individual con las dicotomías de la razón que nuestra propia conexión con la fuerza primordial del amor tiene como tarea unificar y conciliar. Si contemplamos en profundidad este arcano no deja de ser notorio que al mismo tiempo que simboliza una dicotomía en la imagen de las dos mujeres, al mismo tiempo El Enamorado se relaciona con ellas en pie de igualdad.

    La carta invertida, puede significar falta de afinidad en las relaciones, desacuerdos, ausencia de sentimientos o falta de profundidad en los mismos, amores no correspondidos, ausencia de compromiso en las relaciones, búsqueda de placer sin amor, desengaños amorosos, ruptura de pareja, separación o divorcio. En el plano personal puede significar que la persona no hace lo que le gusta o no disfruta de lo que hace por no poner en juego su deseo. Si indica un desequilibrio entre la razón y los sentimientos puede significar dejarse llevar por los sentimientos y las emociones sin tener control sobre ellos o, por el contrario, negación de los sentimientos y un excesivo control racional sobre los mismos. En el plano de las decisiones y las elecciones puede significar el conflicto que se establece ante la necesidad de elegir entre dos opciones cuando ninguna de las dos es atractiva, así como también la incapacidad de tomar decisiones, enfrentarse a una decisión difícil sin analizar con claridad la situación o tendencia a tomar malas decisiones, decisiones apresuradas, duda, indecisión y estancamiento. En general, cualquier tipo de dificultad para tomar decisiones acertadas. Sea cual sea la situación, la carta invertida invita a reflexionar sobre las relaciones afectivas y amorosas del consultante, la realización o la frustración de sus deseos, el equilibrio entre sus pensamientos y sus emociones y, fundamentalmente, la libertad interior y la autonomía de la persona para tomar sus propias decisiones. Respecto del trabajo de orientación del tarotista es importante remarcar la diferencia de la carta del Enamorado en relación a la carta de El Papa: mientras en este último el tarotista era representado en su función de consejero que da respuestas concretas al consultante, la carta de El Enamorado le recuerda al tarotista que el consultante es responsable de su propia existencia y que en ese punto su afán de brindar respuestas y soluciones tiene un límite que no debe transgredir: el deseo, la voluntad y la libertad del consultante. 

Referencias Bibliográficas

[1] Las relaciones humanas se definen por la simetría (fundadas en la igualdad) o por la complementariedad (fundadas en la diferencia) ya sea de forma exclusiva o de forma alternativa. Una relación simétrica puede ser una relación de pareja porque lo que la define es la reciprocidad de las partes; pero ello no quita que en la relación de pareja puedan establecerse modalidades asimétricas de relacionarse en algún aspecto, como puede ser el manejo de la economía del hogar, donde uno de los miembros de la pareja es el que tiene el control sobre ese aspecto, mientras que el otro depende de ello. De este modo, las relaciones humanas pueden presentar aspectos definidos desde la complementariedad o la simetría alternativamente, así como también pasar de la simetría a la complementariedad o viceversa, redefiniendo la relación misma, como puede ser el caso de un compañero de trabajo que reciba un ascenso y se convierta en un superior al que debo obedecer en una relación jerárquica. Específicamente, el caso de una relación amorosa de un empleado con un jefe, por ejemplo, puede llegar a ilustrar de manera elocuente la complejidad de las relaciones humanas cuando las analizamos desde este punto de vista.

[2] Freud, S. (1910) "Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre (Contribuciones a la psicología del amor, I)" En S. Freud (2003) Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu, pp. 156-168.

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