
Arcanos Mayores
II - La Papisa
El Primer Capítulo del Libro.




La Papisa corresponde al primer capítulo del Libro y nos ofrece la clave de lectura del mismo, siendo ella quien lo abre con sus manos y lo apoya en su regazo. Si anteponemos la carta de La Papisa a la carta de El Mago podremos observar que la mirada de éste se dirige al libro de aquella como quien sigue las instrucciones de un grimorio. La Papisa remite literalmente a la leyenda de la Papisa Juana, según la cual una mujer logra engañar a la jerarquía eclesiástica llegando a ocupar el papado hasta que su condición femenina es descubierta al dar a luz presidiendo una ceremonia religiosa. Este arcano nos indica el carácter simbólico de todo el Libro, enseñándonos que las imágenes del Tarot son símbolos, es decir, una estructura de doble sentido donde un sentido literal (masculino) remite, por un exceso de significación, a un sentido oculto (femenino) que debe ser develado por un trabajo de interpretación (parto) siempre precedido por un tiempo de meditación (gestación). De este modo, lo primero que la Papisa nos enseña es la clave hermenéutica para la lectura de la totalidad de las láminas del Tarot: nada es lo que parece.
Las nociones de imago, de origen latino, y de fantasma, de origen griego, tienen una doble acepción: lo que aparece a los sentidos y lo que parece a la opinión (interpretación) del sujeto. Para ver la ambigüedad que introduce esta distinción analizaremos estos dos aspectos en relación a la imagen de La Papisa y a la imagen de El Mago. En el caso de la Papisa Juana, la leyenda nos remite a una mujer que aparece como hombre y que al mismo tiempo parece un hombre; pero a nosotros que conocemos la leyenda se nos aparece como una mujer vestida con atributos papales y nos parece una mujer. Pasemos ahora a analizar la imagen de El Mago, el cual nos parece un Mago en el sentido de un iniciado pero, si nos detenemos en lo que aparece, en realidad se trata de un mago de feria, un ilusionista. Lo que estas dos primeras imágenes nos enseñan es que lo que parece (o lo que nos parece) siempre cae bajo el efecto de ilusión de lo que aparece (o de las apariencias); dicho de una manera más técnica: la percepción queda capturada en el efecto de ilusión que produce la imagen en el sujeto. Con lo cual, la idea llana de que algo se encuentra oculto puede ser tramposa, de allí que la mejor manera de esconder algo es dejarlo a simple vista. Tal vez nos sirva para recordar esta idea apreciar en la imagen que la Papisa se encuentra oculta delante del velo y que de esta manera oculta algo detrás del velo ¿Qué será?
Volvamos a El Mago donde lo dejamos, mago de feria. Su asociación con Mercurio contiene un aspecto que no deberíamos descuidar. Mercurio (Hermes en la mitología griega) es el mensajero de los dioses, dotado de una gran elocuencia es el encargado de traducir en palabras humanas los mensajes de los dioses. Empezamos planteando que El Mago constituía en la estructura del Tarot la Introducción del Libro y, además, antepusimos la carta de La Papisa a la de El Mago, de modo tal que la mirada de éste se dirigía al libro de aquella. Si le agregamos ahora el atributo de ser el mensajero de los dioses se nos revela su condición de ser el traductor del Libro de La Papisa, al mismo tiempo que se nos revela el Libro como sabiduría de la divinidad y, en consecuencia, La Papisa se nos revela como una Diosa. Por lo tanto, la carta de El Mago sólo ocuparía el primer lugar de los arcanos del Tarot como mensajero de la Diosa. Desde este punto de vista queda más clara la correspondencia de la letra Aleph א (muda) para el Mago y de la letra Beth ב (primera letra sonora) a La Papisa. En el contexto histórico en el que se originan las cartas del Tarot, el arcano de La Papisa hace referencia a una burla a la religión oficial y, desde ese punto de vista, se constituye en una herejía. De hecho, el Tarot fue condenado como herejía y no como una práctica ligada a la hechicería o brujería. Pero ese sería el sentido literal de la carta, su significado hermético sugiere fundamentar las enseñanzas del Tarot en una deidad femenina y traduce un proceso social de la Edad Media en el que se intenta reintroducir el principio femenino en una cosmovisión fuertemente polarizada en lo masculino. De hecho, junto a la leyenda de la Papisa Juana, existe como dato histórico hacia finales del siglo XIII un grupo conocido como los guglielmitas fundado por Guglielmina de Bohemia. Este grupo abrigaba la creencia de que su fundadora, muerta en 1281, resucitaría en el año 1300 para inaugurar una nueva era en el que las mujeres accederían al papado y como prefiguración de este vaticinio nombraron como primera papisa a Manfreda Visconti, la cual fue quemada en la hoguera justamente en 1300 como medida eclesiástica para terminar con la herejía. Cien años más tarde, la familia Visconti encarga el diseño de un mazo de Tarot en el que aparece la figura de una mujer vestida con los atributos papales y que, en barajas posteriores, será nombrada como La Papisa. Es Court de Gebelín quien en el siglo XVIII le cambia el nombre por el de La Suma Sacerdotisa, en consonancia con su creencia en el origen egipcio del Tarot y Artur Eduard Waite en 1909 publica un mazo en el que modifica la imagen de este arcano con los atributos simbólicos de las sacerdotisas de Isis.[1]
Del mismo modo que la primera letra del alfabeto hebreo א (aleph) es muda y la segunda ב (beth) es la primera sonora que remite al acto de la creación, así también el número 1 en realidad no es un número sino la fuente y la unidad de todo el sistema numérico, de él surgen todos los números ya que los contiene a todos en potencia. El número 2 sería el primer número, la primera creación efectiva de la potencialidad creadora, la primera realidad. El número 2 contiene la unidad duplicada (1+1) y representa la dualidad de la creación. Si tomamos la letra ב (beth) como una imagen, vemos que representa un espacio que se abre figurando una casa y la palabra "beth" deriva de "bayit" que significa "casa". Eliphas Levi para representar la relación entre estas dos letras dibuja la ב (beth) conteniendo dentro de sí a la א (aleph), lo que enfatiza la idea de que lo creado contiene dentro de sí a la divinidad.[2] Estas consideraciones confirman el lugar que le hemos otorgado a La Papisa como primer capítulo del Libro del Tarot; de allí que el significado adivinatorio atribuido a El Mago es la del consultante que tiene en sí la potencialidad de la acción, siendo la potencialidad fecundante representada por La Papisa lo que le falta para que se convierta en un acto efectivamente iniciado.

Tras la figura de La Papisa cuelga un velo con sus extremos enrollados y uno de sus pliegues interiores (el de la derecha) tiene la forma de una lengua puntiaguda: símbolo de lo oculto y del ocultamiento, representa la receptividad intuitiva, el uso de la inteligencia para develar lo oculto y la pasión por el chisme en su forma más degradada. El velo detrás de La Papisa la expone directamente a las influencias cósmicas y del inconsciente. La mitra de La Papisa, dividida en tres partes, con cuatro puntas exteriores, adornada con dos tréboles de cuatro hojas en la parte interior y un velo color carne que cae desde la tiara sobre sus hombros: símbolos que representan su autoridad, pureza y consagración.
La Papisa es una mujer consagrada como suprema sacerdotisa que representa a las religiones precristianas adoradoras de las diosas relacionadas con la fertilidad. Está revestida con pesadas ropas que ocultan sus atributos femeninos y sus pies, a la altura de su pecho está atravesada por una figura con forma de pene: símbolos de pasividad, reserva, prudencia, virginidad, pudor y sublimación de la sexualidad. Su rostro y sus manos son de color blanco, al igual que el huevo que se encuentra en la parte inferior de la lámina a la altura del asiento: la Papisa está gestando algo pero también con ello se gesta a sí misma o aquello que está gestando la modifica a sí misma, tiene un efecto en su propia persona. Las cintas celestes que cruzan su vientre forman la cruz de San Andrés, dos cruces al interior de una de las cintas y una cruz entre dos líneas rectas en la otra cinta: señalan que su gestación se realiza a partir de la integración de los opuestos, de la conciliación de las ambigüedades y de las dualidades, todo ello implica un riesgo, un peligro, pero también una oportunidad. La Papisa, a diferencia de El Mago, está sentada, símbolo de pasividad; su cuerpo y su mirada se dirigen hacia la izquierda, símbolo de reflexión y meditación; sobre su falda un libro con 17 líneas en su interior que remiten al Arcano XVII, La Estrella: simboliza la interioridad, la concentración, el estudio, la sabiduría, el conocimiento y la comprensión de las Leyes Universales que rigen la evolución de la naturaleza; también simboliza la herencia y la memoria. El libro apoyado en su regazo es el mismo Tarot representado como un compendio de sabiduría esotérica y es ella quien nos introduce en su lectura abriéndolo con sus manos.
Asociada a la Luna, la Papisa representa la intuición mental, la clarividencia, la actividad inconsciente, la influencia de los ciclos lunares en la naturaleza. Ella desarrolla con mayor profundidad el efecto de ilusión en la percepción de la realidad, apenas esbozado en el Arcano de El Mago, y nos hace comprender que el Mago mismo, representado como mago de feria, es también en realidad un brujo, un mago de otro orden. Ambos representan los polos activos y pasivos de la magia, la dualidad masculina y femenina de la naturaleza, los opuestos que constituyen la cosmovisión misma de todo el Tarot. De este modo, La Papisa desarrolla con mayor profundidad la Ley de la Polaridad, según la cual todo en el universo es dual, constituido por una determinada combinación de opuestos: actividad y pasividad, masculinidad y femineidad, luces y sombras, bondad y maldad, amor y odio, etc. La Papisa es, en el plano de la acción, pasiva pero, en el plano de la imaginación es mucho más activa que El Mago y mucho más conectada con la receptividad de lo que proviene del inconsciente y, en consecuencia, mucho más emotiva y menos controlada. Este aspecto ambivalente, que es fundamental para comprender la significación del arcano, nos sirve también como clave de interpretación para todos los arcanos del Tarot, evitando la ilusión en la que comúnmente se cae al considerar que existen cartas positivas y cartas negativas, al mismo tiempo que se relegan muchos significados negativos a las cartas invertidas. En realidad, todas las cartas poseen aspectos duales que podemos considerar como relativamente positivos o negativos y que merecen ser tenidos en cuenta para su correcta interpretación, mientras que las cartas invertidas introducen una alteración o una modificación de sus significados principales o esenciales. Esta consideración no debería tomarse como una regla dogmática al momento de realizar una interpretación específica, sino más bien como una clave de variación de significados al momento de analizar el simbolismo de cada arcano.
Para determinar el significado adivinatorio de este arcano tendremos en cuenta que, a semejanza de la carta de El Mago, la figura total nos muestra a una persona que tiene un libro entre sus manos, pero está mirando para otro lado sin concentrarse en la lectura del mismo. Representa la actitud del consultante que acude a la consulta desconociendo la verdadera causa de sus problemas. Ese desconocimiento suele tener sus raíces en el divorcio que existe entre las intenciones consientes y las motivaciones inconscientes, así como también en la tendencia a proyectar fuera de sí la causa de los problemas, sin reconocer las propias responsabilidades. Es una carta que invita a la reflexión, a la evaluación de las intenciones y de las actitudes, a hacer memoria y evaluar las acciones realizadas, al sinceramiento con uno mismo antes de emprender la acción para obtener un cambio. En el mejor de los casos, se trata de personas que sostienen actitudes erróneas y equivocadas; aunque existen situaciones más complejas en las que desean conscientemente algo pero inconscientemente desarrollan estrategias defensivas como boicot contra su propio deseo; otras en las que pretenden construir el futuro a expensas de una cancelación y renegación de su propia historia, y otras que cancelan el futuro por quedarse llorando sobre las ruinas del pasado; en cualquiera de estos casos, sin tener conciencia del placer que encuentran en destruirse a sí mismas. Por lo tanto, la orientación del tarotista tendrá que apuntar a develar las verdaderas motivaciones del consultante más allá de las que éste plantea conscientemente y ayudarlo a reconocer las actitudes que tiene que modificar y las acciones a tomar para lograr cambios significativos en su vida. La Papisa nos advierte que nada es lo que parece, que no hay que confiar en las apariencias, que hay una verdad que permanece oculta, algo no dicho o algo que hay que descubrir ya sea en la propia persona, en los demás o en el contexto social.
En un sentido positivo, es una carta de fecundidad, señala aquello que crece y evoluciona de manera lenta pero segura, ocultamente, sin manifestarse todavía. Su fecundidad se refiere tanto a lo físico como a lo psíquico, de allí que también puede referirse a la sabiduría, a los estudios y a la gestación de ideas. En una tirada puede representar a una mujer (puede ser la consultante misma cuando es una mujer) indicando a una mujer buena, sabia, inteligente, reservada y confiable; puede representar también a la esposa, a la madre o a la abuela. En un sentido más amplio, puede indicar el contexto por el que se realiza la consulta: la pareja, la familia, la empresa, una institución, etc.
En un sentido negativo, refiere a pasividad, dualidad, soledad, distanciamiento, engaño, chusmerío y puede representar el egoísmo en todas sus manifestaciones: la prevalencia del propio punto de vista sin posibilidad de cuestionamiento, la proyección de la maldad en los otros y la reserva de la bondad para sí, el creerse más que los demás por el conocimiento que se tiene o el querer tener siempre la razón.
La carta invertida, desvirtúa sus aspectos positivos y acentúa sus aspectos negativos entendidos como expresión de un mal manejo de la dualidad, con lo cual indica a una persona que no sabe bien qué es lo que quiere o desea; persona rígida y moralista que reprime sus sentimientos; dominante, controladora e invasiva que no respeta la intimidad de los demás, en quien no se puede confiar porque no sabe guardar secretos. Indica confusión mental (falta de claridad mental), mal manejo de la intuición, imprudencia e irreflexividad, frustración y resentimiento, La carta invertida indica que todo es lo que parece, en el sentido de que no hay ocultamiento y que aquello de lo que se desconfía es realmente así como se lo sospecha. Hay que tener en cuenta que al ser una carta que significa una fuerte influencia del inconsciente, al estar invertida, representa el dominio de los conflictos inconscientes sobre el comportamiento del consultante. La tarea del tarotista consistirá en ayudarlo a reflexionar sobre sus conflictos y a manejarse con una mayor prudencia en sus acciones, teniendo en cuenta el contexto general de la tirada y los diferentes aspectos de significación de la carta.
[1] Cfr.; Pollack, R. ( 2012) Los setenta y ocho grados de sabiduría del Tarot: Arcanos Mayores. Argentina: Urano, pp. 60-61.
[2] Cfr.; Ídem., pp. 92-93